The In Sound from Way Out! (Perrey and Kingsley + Beastie Boys)


Antes de internet (o antes de que internet fundiera), encontrar según que disco sin dilapidar los cuatro chavos de los que yo disponía se hacía mas que difícil. Me acuerdo que The In Sound from Way Out! fue uno de los que más me costó conseguir. Las tiendas de discos ni habían oído hablar de él y traerlo de fuera por menos de mil duros era una utopía. Al final apareció en una tienda de discos de segunda mano que ahora es un bar para chusma adicta al futbolín y juntamos pasta entre unos cuantos (talego y medio aproximadamente) para regalarselo a Coco Carmona por su cumpleaños, con un papel de regalo formado por hojas pringosas de la LIB. Lo recuerdo como si fuera ayer, preciosa ceremonia, nunca se ha vuelto a ver a nadie desenvolver un regalo con tanto cuidado por no estropear el envoltorio, teenage lust total.

Beastie Boys - The In Sound from Way Out! (Capitol, 1996)


Fijo que es uno de los discos que más me he escuchado en mi vida, y razón última para que me lave la boca cada vez que hablo de Beastie Boys. Formado por las instrumentales que adornaban Check Your Head (Capitol, 1992) y Ill Communication (Capitol, 1994), el disco es pura fantasía y Mario Caldato Jr, el productor, tiene mas papeletas de ser tu viejo que ese señor sombrío que te mira mal cada vez que te tatúas una horterada nueva.

El tema es que hace poco me tropecé con otro In Sound from Way Out!, este de los franco alemanes Perrey and Kingsley. Al principio creía que se trataba de una serie o algo así, pero que va, se ve que directamente Beastie Boys cogieron prestado el nombre y el concepto de la portada como homenaje a estos abuelos de la música electrónica que se imaginaron como sonaría el pop del futuro en el año 1966. Erraron el tiro, claro, pero no deja de ser curioso escucharlo, tiene un aire infantil que da bastante buen rollo, parece que se va a asomar Miliki por la puerta en cualquier momento.


Perrey and Kingsley - The In Sound from Way Out! (Vanguard Records, 1966)
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Con todo esto he estado pensando en lo que me hubiera costado encontrar el de 1966 (en caso de haber podido, que lo dudo), en lo que lo hubiera idealizado y en la curiosidad que habría tenido que aguantarme. Ahora ya no se si prefiero la tocada de cojones que suponía tener muchas ganas de escuchar un disco y no encontrarlo o encontrar un disco en medio minuto y dedicarle sólo media hora de tu vida a escucharlo. Pienso que el valor de la música nunca ha residido en lo que pagabas por la música, si no en el tiempo que tenías que dedicarle a cada disco, el ritual. Ahora ya no hay tiempo para ostias: “lo quiero lo descargo, y si lo quiero mucho me lo traen de china en 24 horas”. Nos hemos hecho viejos en diez años, que pena.


2 comentarios:

wini two dijo...

Lo tuyo es flow Ulish.
Prometo no abrir la cortina que nos separa cuando te duchas y escupirte mi yardo más sólido.

Clap, clap, clap!

ireNe* dijo...

=)